Nuestros vecinos tenían un evento y nos pidieron comida para 40 personas.
Hicimos una cajita para cada una: sándwich de brisket curado, ensalada de col y brownie.

Era la primera vez que hacíamos algo así para otro negocio. Lo organizamos durante la semana, el jueves armamos todo y a las tres ya estaba entregado.
Y fue mucho más sencillo de lo que imaginaba.

Creo que lo que más me gustó fue la cajita en sí.
Una comida para cada persona, ya completa, fácil de repartir y sin tener que montar todo un catering. Se veía bonita, se sentía suficientemente especial y seguía siendo muy simple.

Ellos terminaron muy contentos.
Supongo que también ayudó que estaba riquísimo.
Desde entonces me quedé pensando que las cajitas tienen sentido para un montón de cosas.